La historia de Tara verde y Tara blanca se enmarca en el budismo tibetano. Ambas figuras expresan la misma compasión, pero con cualidades distintas: la acción pronta para una, y el apaciguamiento y la longevidad para la otra. Este artículo presenta su historia, su simbolismo y las prácticas asociadas para profundizar en la comprensión de estas veneradas Taras.
El origen común de las dos Taras
Las dos Taras comparten una raíz legendaria, anclada en la tradición budista del Himalaya. Su nombre sánscrito puede entenderse como «Liberadora», «Estrella» o «Aquella que lleva al otro lado». Expresa su vocación: guiar a los seres más allá del sufrimiento y de los obstáculos.

La princesa convertida en liberadora
La tradición relata que la historia de Tara verde y Tara blanca se remonta a una princesa llamada Luna de Sabiduría, a veces llamada Estrella de Sabiduría, que vivió en la época del Buda Son del Tambor. Durante diez millones de años, realizó inmensas ofrendas y formuló el voto de alcanzar el Despertar para socorrer a todos los seres, sin abandonar jamás esta aspiración.
- El voto femenino: cuando los monjes le aconsejaron rezar para renacer como hombre, la princesa respondió que el Despertar trasciende las categorías de género. Así se comprometió a renacer mujer, vida tras vida.
- La realización completa: después de diez millones de años de práctica diligente, alcanzó el despertar total. El Buda Son del Tambor la nombró Tara, «la Liberadora».
- Un modelo para todas: al elegir permanentemente una forma femenina, demostró que la iluminación es accesible a las mujeres como a los hombres, sin jerarquía espiritual.
- Nacimiento de una lágrima: según otra leyenda, Tara nació de una flor de loto procedente de una lágrima de Avalokiteshvara, derramada ante el sufrimiento del mundo. Aparece así como una emanación directa de su compasión activa.
Desde el momento en que la princesa formuló este voto irrevocable, la figura de Tara adquirió un alcance universal en el budismo. Tara verde y Tara blanca son percibidas como dos expresiones de este compromiso: una actúa con prontitud, y la otra aporta una presencia apaciguadora y una cualidad curativa.
Las 21 formas de Tārā
La tradición budista tibetana enumera una lista de las 21 Taras, o lista de las 21 Tārā, organizada en series cuya composición varía según las escuelas. Hasta se registran 76 formas y se conocen 108 nombres. Estas figuras aparecen en textos de alabanza recitados cada mes por las comunidades budistas para disipar los obstáculos y promover la paz. Tara verde y Tara blanca ocupan un lugar central entre las 21 formas de Tārā.
- Tara verde (Syamatara): considerada la forma original de la cual emanan las otras, porta un color verde capaz de contener simbólicamente todos los matices. Esta correspondencia sostiene su rol de acción y protección.
- Tara blanca (Sitatara): deidad de la longevidad, la curación y la pureza, encarna una cualidad contemplativa y pacífica dentro de este panteón femenino.
- Líneas de transmisión: Atisha, erudito budista indio nacido en el año 983, contribuyó al renacimiento del budismo en el Tíbet y transmitió una de las tres principales líneas de práctica dedicadas a las 21 Taras.
- Difusión por los viajeros: comerciantes y peregrinos del Himalaya participaron en la difusión del culto a Tara invocando su protección contra los ocho grandes peligros encontrados en las rutas.
A lo largo de la meditación, cada forma revela un matiz de la compasión despierta. Tara verde y Tara blanca resumen dos movimientos complementarios: una compasión activa ante las dificultades y una presencia blanca, recogida, orientada hacia la curación y la longevidad.
Complementariamente a la recitación de las alabanzas, una estatuilla puede servir como punto focal. La estatuilla de Tara Verde Danzante relaciona las representaciones mentales con un soporte tangible: colócala delante de ti y luego regresa tranquilamente a la respiración y a la intención de compasión activa durante la sesión.
El vínculo con Avalokiteshvara
La tradición tibetana enseña que las dos Taras son emanaciones de Avalokiteshvara, bodhisattva de la compasión universal. Tara es a veces descrita como un bodhisattva femenino, lo que subraya la forma particular que adopta esta energía de despertar. Esta filiación convierte a Tara en una emanación directa de la compasión universal, ya evocada para el nacimiento de la lágrima.
Una vez establecida esta filiación con la deidad de la compasión, las dos Taras ya no se oponen. Complementan la obra de Avalokiteshvara: Tara verde responde con celeridad, mientras que Tara blanca acompaña la curación y la pureza interior. Su contemplación abre así hacia una misma sabiduría benigna, en el camino de la liberadora.
Tara verde, protectora en acción
En la tradición tibetana, el verde ocupa un lugar central para comprender a Tara. Este color evoca la vitalidad, la juventud y la capacidad de actuar sin demora por el bien de los seres. Se trata de una energía en movimiento: a diferencia de las deidades que parecen observar a distancia, Tara verde se levanta, interviene y protege.

Una postura lista para socorrer
La diosa Tara verde se reconoce por su singular postura. Sentada, con la pierna derecha ligeramente avanzada, su cuerpo parece listo para levantarse. Esta posición expresa una disponibilidad inmediata, sin vacilación. La tradición budista la reconoce como imagen de la compasión activa.
- Mudra de la generosidad: la mano derecha reposa sobre la rodilla, palma abierta hacia abajo. Este gesto indica la disposición a dar sin condición y a responder a cualquier petición sincera.
- Loto azul (utpala): la mano izquierda sostiene el tallo de esta flor, cuya pureza nace del lodo. Representa la sabiduría que florece en el corazón del mundo ordinario.
- Color verde: asociado a la actividad despierta, distingue a Tara verde, o Shyama Tara en sánscrito, de otras formas de Tara por su rapidez de acción, comparable a la del viento.
En la práctica de la meditación, visualizar esta postura dinámica ayuda a inscribir la intención de compasión en el cuerpo. La pierna adelantada recuerda que la ayuda se pone en movimiento, mientras que el loto sugiere una acción que preserva su pureza en medio del mundo. Cada elemento se convierte así en un soporte de presencia.
Los ocho peligros simbólicos
La tradición budista atribuye a Tara verde una función protectora frente a los maha abhaya, los ocho grandes peligros: leones, elefantes, fuegos, serpientes, bandidos, cadenas, inundaciones y demonios. El primer Dalai Lama los interpretó como obstáculos interiores: el león representa el orgullo, el elefante la ignorancia, el fuego la ira y la serpiente la envidia.
- Bandidos / ideas erróneas: los ladrones representan los pensamientos falsos que alejan del camino correcto, al tiempo que recuerdan los peligros encontrados en las rutas de los peregrinos.
- Cadenas / avaricia: los impedimentos simbolizan el apego a los bienes materiales, que inmoviliza al practicante con la misma fuerza que unas cadenas reales.
- Inundaciones / deseo: la corriente incontrolada hace referencia a las pasiones que sumergen la claridad mental y arrastran las intenciones correctas.
- Demonios / duda: las fuerzas demoníacas representan la duda profunda, capaz de erosionar la confianza en la práctica y en el camino espiritual.
Una oración a Tara verde puede acompañarse de una contemplación de estas ocho correspondencias, como en el mantra de Tara verde. Observa el peligro interior más presente para orientar la invocación con precisión.
El mantra de Tara verde
El mantra raíz de Tara verde es «Om Tare Tuttare Ture Soha». Cada sílaba recibe un significado particular: Tare invoca a la liberadora y recuerda la liberación del sufrimiento: Tuttare llama a la protección frente a los peligros internos y externos: Ture expresa el rápido cumplimiento de las aspiraciones: Soha ancla la energía en la práctica y favorece su continuidad.
Este mantra se recita a menudo con un mala de 108 cuentas, siguiendo el uso tibetano clásico. Recítalo lentamente visualizando una esfera de luz verde y la deidad sentada, la pierna adelantada. Con la práctica, la imagen se afina; la invocación puede convertirse entonces en una presencia interior estable, accesible incluso fuera de los momentos formales de meditación.
Tara blanca y la longevidad
A diferencia de los enfoques superficiales que reducen a Tara blanca a una simple variante de Tara verde, la tradición tibetana le atribuye una vocación propia: pacificar las enfermedades, apoyar la fuerza vital y purificar los obstáculos kármicos relacionados con la salud. Su color blanco expresa la pureza, la verdad y el superamiento de las limitaciones. Es descrita como la bodhisattva femenina de la longevidad y como la Madre de todos los Budas.
Los siete ojos de compasión
Tara blanca es apodada la «Diosa de los Siete Ojos». Su mantra, «Om Tare Tuttare Ture Mama Ayuh Punya Jnana Pustim Kuru Soha », acompaña la contemplación de esta iconografía: tres ojos en la cara, uno en la frente, un ojo en cada palma y un ojo bajo cada planta del pie. Esta disposición expresa una vigilancia que abarca todas las direcciones.
- Ojo frontal: representa la visión espiritual, capaz de superar las apariencias ordinarias y discernir la verdadera naturaleza de los fenómenos.
- Ojos de las palmas: cada acción de Tara blanca está guiada por una conciencia despierta; sus manos nunca dan a ciegas.
- Ojos de los pies: incluso su presencia en el mundo, simbolizada por sus pasos, permanece atenta al sufrimiento de los seres.
- Tercer ojo facial: asociado a Amitabha en su tocado, conecta a Tara blanca con la línea de los Budas y ancla su compasión en la sabiduría trascendente.
El equilibrio se construye cuando la vigilancia interior se armoniza con la apertura al mundo. Tara blanca encarna este doble movimiento: ver el sufrimiento sin perderse en él, y luego actuar con cuidado sin agotarse. Esta iconografía enseña la vigilancia interior sin relajación, incluso en la acción más ordinaria.
El mantra de Tara blanca
El mantra de Tara blanca es más largo que el de Tara verde, ya que corresponde a un campo de acción específico: «Om Tare Tuttare Ture Mama Ayuh Punya Jnana Pustim Kuru Soha ». Las sílabas «Mama Ayuh Punya Jnana Pustim Kuru » formulan una petición de longevidad, mérito, sabiduría y florecimiento espiritual.
En la práctica de la meditación, este mantra acompaña los rituales de longevidad y las ceremonias de curación en los monasterios tibetanos. La recitación se lleva a cabo en un espacio tranquilo, visualizando a Tara blanca, luminosa y sentada en postura meditativa. Una piedra blanca, como el cristal de roca o la calcita, puede apoyar este ritual recordando la serenidad buscada.
Diferencias entre las dos Taras
Así como cada piedra actúa sobre un registro distinto, Tara verde y Tara blanca responden a necesidades complementarias. La primera se asocia con la remoción de obstáculos y el cumplimiento de las actividades, con una rapidez comparable a la del viento. La segunda se invoca para pacificar las enfermedades y apoyar la fuerza vital, en un enfoque más contemplativo.
Su iconografía hace visible esta distinción. Tara verde está en semi-sentado, la pierna avanzada, con un loto azul en la mano. Tara blanca está sentada con las piernas cruzadas en postura meditativa completa y sostiene un utpala blanco cerca del corazón. El blanco evoca la pureza más alta, mientras que la energía verde de su hermana expresa una actividad regeneradora.
| Característica | Tara verde | Tara blanca |
|---|---|---|
| Color simbólico | Verde: actividad, vitalidad, compasión activa | Blanco: pureza, paz, trascendencia |
| Postura iconográfica | Semi-sentada, pierna derecha avanzada | Loto completo, postura meditativa |
| Vocación principal | Eliminación de obstáculos, protección | Longevidad, curación, purificación |
| Flor sostenida | Utpala azul (loto azul) | Utpala blanco cerca del corazón |
| Ojos | Tres ojos en el rostro | Siete ojos (cara, palmas, pies) |
| Nombre sánscrito | Syamatara (Shyama Tara) | Sitatara |
| Mantra específico | Om Tare Tuttare Ture Soha | Om Tare Tuttare Ture Mama Ayuh Punya Jnana Pustim Kuru Soha |
Ambas Taras son veneradas como emanaciones de Avalokiteśvara, lo que explica por qué sus prácticas se dirigen a distintas situaciones. Desde que el sufrimiento adopta la forma de un obstáculo activo, se invoca a Tara verde. Miedo, ira, peligro inmediato: su energía remueve el obstáculo sin demora. Cuando el sufrimiento se manifiesta por un agotamiento vital, una enfermedad o una fragilidad kármica, la tradición tibetana orienta al practicante hacia Tara blanca, cuya compasión pacifica en profundidad. Shyama Tara recuerda así el impulso hacia la acción, mientras que Tara blanca sostiene la estabilidad y la serenidad.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre Tara verde y Tara blanca?
Ambas Taras comparten un mismo origen legendario y son consideradas emanaciones de Avalokiteshvara. Sin embargo, su vocación difiere: Tara verde es la protectora activa, invocada para disipar miedos, alejar obstáculos y sostener una acción correcta. Tara blanca está asociada a la longevidad, la curación y la purificación, especialmente cuando la salud y la fuerza vital son el centro de la práctica.
Su postura y su color expresan esta complementariedad. Tara blanca posee siete ojos, mientras que Tara verde tiene tres; ambas cuentan también con un mantra propio. La tradición tibetana las presenta así como dos aspectos de una misma energía despierta: el impulso liberador de Tara verde y la presencia reparadora de Tara blanca.
¿Qué significa el mantra de Tara verde «Om Tare Tuttare Ture Soha»?
Este mantra, utilizado en el budismo tibetano, se entiende como una progresión espiritual. «Om» conecta el cuerpo y la mente con la energía universal; «Tare» invoca a Tara como liberadora del sufrimiento y de los obstáculos; «Tuttare» llama a su protección frente a los peligros internos y externos, especialmente los ocho maha abhaya.
«Ture» evoca la rapidez de su acción y el cumplimiento de las aspiraciones espirituales, mientras que «Soha» ancla la invocación en la realidad. Recitado con un mala de 108 cuentas, acompaña la meditación diaria. Un susurro por la mañana basta para establecer una intención de benevolencia y compasión: con la práctica, el mantra se convierte en un soporte de atención.
¿Quién es Tara en el budismo tibetano y por qué es venerada?
Tara es un bodhisattva femenino mayor del budismo tibetano. Su nombre sánscrito significa a la vez «Liberadora», «Estrella» y «Aquella que lleva al otro lado». Es descrita como «nuestra madre de todas» y como una deidad protectora de los peligros internos y externos, que reúne las condiciones favorables para el entrenamiento espiritual.
Según su leyenda, una princesa se habría negado a renacer como hombre para enseñar la compasión bajo una forma femenina. Este relato convierte a Tara en un modelo de compromiso espiritual universal. Las dos formas más veneradas son Tara verde y Tara blanca: la primera sostiene la acción liberadora, mientras que la segunda acompaña la curación, la purificación y la estabilidad de la energía vital en la tradición.

